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miércoles, 25 de septiembre de 2013

LUCIANO LEOCATA

Bandoneonista, director y compositor
(25 de septiembre de 1915 - 5 de junio de 2012)

o supongo que desde el vientre de su madre, doña María
Josefa Recúpero, el arte del bandoneón le había sido concedido por Dios y la vida. Su padre, Salvador, quien con su esposa y su hijo Cayetano de 14 años, un día deciden dejar su querida Sicilia y llegarse hasta la Argentina en 1890. Se afincaron en el barrio de Almagro. Salvador enseguida halla trabajo como empedrador de adoquines.
Ya en esta tierra nacen: Graciana, Luciano y más tarde Sebastián, quien luego se sentiría durante la adolescencia, colega de su hermano en el estudio del bandoneón. Al mismo tiempo, comienza sus estudios en el colegio Corvalán, sito donde actualmente se encuentra el hospital Santoyani.
Cuenta el maestro que Santoyani era propietario de muchas tierras, entre ellas diez manzanas que fueron loteadas y puestas a la venta; la modalidad de pago –agrega– era, en este caso de $ 23 m/n por mes. El terreno tenía como mínimo 70 metros de largo; su padre, con su modesto trabajo de empedrador de adoquines, mantenía a su familia, pagaba el terreno y construía la casa. Leocata recuerda este tramo de su vida con muchísima emoción: «La quinta que había hecho mi padre, el limonero, los frutales, mi madre con el delantal bordado a mano y mis hermanos menores correteando entre aquel terreno, que en nuestra pequeñez veíamos ¡tan inmenso!
«Un día —rememora— mi padre recibe una carta en donde se le anuncia la muerte del señor Santoyani, y que éste en testamento de última voluntad, decide que todos los compradores de sus terrenos, quedan con las cuotas saldadas. Lo que nos sucedía era oro en polvo y mi madre, emocionada, siempre bendecía esta tierra.
«Aproximadamente a los 13 años, de noche, oía a alguien tocar un instrumento: era el bandoneón, y me iba embelesando desde mi casa, al oír cómo tocaba esa persona a la que ni siquiera veía, pero ese sonido me enamoró».
Su hermano Cayetano, conoce a un violinista del Teatro Colón: le habla y, con él, Luciano comienza a estudiar solfeo durante un año. Al concluir, le dijo que ya no le enseñaría más porque sabía el método completo: “Decile a tu hermano que te busque a alguien que te enseñe el bandoneón”, le sugirió.
¡Y por supuesto que se lo consiguió! Su nuevo profesor sería José Lopresti; con él estudió un año y medio, y otra vez se vuelve a repetir la misma frase: “Ya no te puedo enseñar más, pero enfrente hay un amigo, Juan Barraco, con él terminarás tus estudios”.
Su espíritu apacible pero inquieto, ya se había encargado de que su sueño se hiciera realidad: ya comenzaba a tocar en los cafés y clubes de su barrio, con la orquesta de Juan Pedro Castillo. Los mismos oyentes hacen correr la voz de que había “un chico” que tocaba muy bien el bandoneón.
Es así como llega a los oídos de José Tinelli, quien personalmente fue al café a sacarse las dudas. Al finalizar los temas, se cruza con el joven Leocata y le dice si deseaba ir a Radio Stentor a tocar con él, con su orquesta. Por supuesto, Leocata le contesta afirmativamente, y a los cinco días va a ensayar con: «¡Nada menos que el maestro Tinelli, en su casa! Tinelli en piano y yo en bandoneón».
Un solo día le bastó al director para reconocer sus virtudes; tal es así que al despedirse le entrega todo el repertorio de la orquesta, diciéndole estas imborrables palabras: «Pibe, estudia esto y luego lo ensayamos con la orquesta». Con su genio artístico y mental, en menos de un mes logró estudiar todo el repertorio.
Cinco audiciones semanales en Radio Stentor tuvieron con gran éxito y ya las personas lo pedían, identificándolo a él con la orquesta de Tinelli; con la que también incursiona en teatro, entre 1934 y 1935, primero en el Apolo, con la obra “Virgencita de madera”, cuyos autores eran los hermanos Ratti. Y en 1936 cambia de teatro y de obra, esta vez en el San Martín de la calle Esmeralda. La comedia se llamaba “Espionaje en septiembre”. Como primer actor, el popular Pablo Palitos.
«Jamás olvidaré aquella formación primera, ya que constaba de 4 bandoneones, 3 violines, contrabajo y piano con el maestro Tinelli, y por supuesto, las voces de los cantores Rodolfo Martínez y Chola Bosh, quien con el tiempo llegó a ser la esposa de Tinelli; mientras tanto todo se seguía oyendo por Radio Stentor y mi popularidad comenzaba a crecer».
Contrajo matrimonio con Aída Emma Gagliardino el 16 de enero de 1943, fue y es su compañera de toda la vida. Se conocieron hacia 1940, cuando ella tenía 17 años y él 24. Tuvieron dos hijas, Elba y Susana, quienes les han dado cinco nietos y tres bisnietos.
Luego de aquella hermosa experiencia de dos años, se incorpora a la orquesta de Florindo Sassone, en la que contribuyó con su arte por más de quince años.
En aquellos tiempos Sassone era director orquestal de Radio El Mundo y, por ende, artista exclusivo de dicha radio ¡por quince años!... Con él tuvo por el país giras artísticas que duraban más de 30 días consecutivos en cada provincia. La gente de las provincias deliraba de emoción y entusiasmo; además, Radio El Mundo se oía en toda la nación, y gracias a ella eran conocidos los artistas. Estas giras eran tan agotadoras que sólo podían hacer tres o cuatro al año.
Leocata desde siempre fue compositor. En 1948 presenta “Y volvemos a querernos”. Por supuesto, fue estrenado en Radio El Mundo, con el cantor Jorge Casal; fue un éxito tan grande, que también decidió grabarlo el maestro Osvaldo Pugliese, artista exclusivo de Radio Belgrano, quien lo estrena con Alberto Morán. Obsérvese qué curiosidad: el nuevo tango era estrenado simultáneamente en dos radios distintas, en dos horarios distintos, por dos orquestas distintas y por dos cantores distintos. Por la tarde en Radio El Mundo con la formación de Sassone, y por Radio Belgrano, por la formación de Pugliese en la noche.
Pero hay otra curiosidad: cuando Leocata y Abel Aznar intentaron registrar en SADAIC ese tango con el nombre de “Volvemos a querernos”, no fue aceptado porque una obra homónima lo impedía; entonces agregaron la letra “Y” al comienzo, iniciando así una serie de obras de la misma característica: con Aznar registró “Y mientes todavía”, “Y no te voy a llorar”, “Y todavía te quiero”, “Y te tengo que esperar”, “Y todo es mentira”, “Y rogaré por vos” (vals), “Y no te creo”. También se valió del mismo recurso en “Y uniremos nuestro amor”, con Dastrom; “Y yo tenía quince años”, “Y te acordás que fue una tarde”, y “Y no me cuentes tu tristeza”, con Damián Tucci; “Y fue en aquel mes de mayo”, con Montecchio y Collia; “Y este es el amor”, con Collia; “Y quiero estar a tu lado”, con Margarita Vasollo; “Y la vida sigue igual”, y “Y para qué seguir fingiendo”, con Oscar Fresedo; “Y mentira fue tu amor”, con Félix Arena; “Y no pudieron separarnos”, con Alfredo Dalton; “Y fue un sueño imposible”, y “Y le canto a mi ciudad”, con Juan Luis Ricardi; “Y estás desesperado”, con Carmen Bove; “Y quiero que vuelvas a mí”, con Diego Schilaci y Miguel Salamó; “Y deshojando el tiempo”, con Selva Pérez; “Y vivamos nuestro carnaval”, con Jacinto Alí; “Y hoy vuelvo a revivir”, con Norberto Roldán; “Y no fue sin querer”, con Jorge Fernández; “Y la quise con locura” (vals), y “Y pretendes que empecemos otra vez”, con Enrique Mora; “Y fue tan solo por amor”, con Jorge Fiorentino.
Otros de sus temas: “Milonga de Buenos Aires”, con Oscar Fresedo; “Fayutelli”, y “Luz y paz”, con Shillaci y Collia; “Decís que soy muy celoso”, con Sebastián Leocata; “No quiero perderte”, con Horacio Parmeiro; “Muchacha porteña”, con Sebastián Leocata y Jorfer; “Aquel regalo” (instrumental).
Pero volvamos a los años 40 cuando el famoso Alberto Castillo decide crear su propia orquesta, y Leocata es convocado por Enrique Alessio, quien sería el director de la misma, formando parte de ella durante diez años, desde 1944 hasta 1954. Luego, el solista Héctor Pacheco lo convoca para que lo acompañe. Juntos recorren emisoras, salones, bailes durante cuatro años, y al notar el éxito que siempre lo seguía, Leocata decide formar su propia orquesta. Y llega el 3 de marzo de 1959, cuando debuta con su formación en Radio Belgrano, donde permanece seis años consecutivos; toca al mismo tiempo en el cabaret “Marabú”, también en “El Avión de la Boca”. Pasa por el “Sans-Souci” de la calle Corrientes al 800, justo enfrente del teatro “El Nacional”. Ya sus temas se oían en todos lados, y lo que hacía se convertía en éxito. Entre los sellos Music Hall y Vaivén deja 50 grabaciones.
Entre los cantores que lo acompañaron: Oscar Macri, Roberto Chaleán, Norberto Roldán y Norberto Natale.
En la actualidad esta gloria de la música popular argentina continúa en plena actividad, en su cargo de director del Museo de SADAIC.

martes, 24 de septiembre de 2013

RODOLFO BIAGI

Pianista, director y compositor
Apodo: Manos Brujas
(14 de marzo de 1906 - 24 de septiembre de 1969)



Lograr un estilo y una personalidad inconfundible, dentro de una modalidad musical muy simple, no deja de tener un gran mérito. Es el caso de Rodolfo Biagi, que nació en el porteño barrio de San Telmo.
Una vez terminado la escuela primaria, abandonó sus estudios para dedicarse a la música, en contra del criterio de sus padres, quería estudiar violín y sus padres le propusieron un trato; le compraban el instrumento pero él debía ingresar a la Escuela Normal de Profesores "Mariano Acosta". Rodolfo fue inscripto en el conservatorio del diario "La Prensa", allí descubrió que su verdadera vocación era el piano.
A los 13 años, y sin que sus padres lo supieran, debutó como pianista poniéndole fondo musical a las películas mudas de un cine de barrio. En una de esas noches, Rodolfo tuvo la suerte que concurriera al cine el maestro Juan Maglio (Pacho), que quedó impactado al escuchar al precoz pianista y lo invita a tocar con él. Tenía sólo quince años.
Luego pasó a integrar la orquesta del bandoneonista Miguel Orlando, en el cabaret "Maipú Pigall".
Una noche de 1930 José Razzano lo fue a ver y le propuso acompañar a Carlos Gardel en algunas grabaciones. Y así fue, el primero de abril de 1930 graba, para el sello Odeon, junto al violinista Antonio Rodio y las guitarras de Aguilar, Barbieri y Riverol, los tangos "Viejo smoking", "Buenos Aires" y "Aquellas farras", el foxtrot "Yo nací para ti, tu serás para mí" y el vals "Aromas de El Cairo".
Gardel lo invita a una gira por España y Biagi no acepta; pasa entonces a integrar la orquesta de Juan Bautista Guido, luego integra la orquesta de Juan Canaro, allí conoce a Juan Carlos Thorry junto a quien compone el tango "Indiferencia".
Siempre cono pianista de Juan Canaro viajó a Brasil. A su regreso dejó la orquesta de Juan Canaro y permaneció inactivo durante un tiempo.
Era asiduo concurrente del cabaret "Chantecler", donde tocaba su amigo Juan D'Arienzo, el pianista de la orquesta era Lidio Fasoli, famoso por su impuntualidad. Una noche D'Arienzo decide reemplazarlo y le propuso a Biagi que integrara su orquesta.
En el transcurso de 1935, D'Arienzo, con el joven y experimentado pianista y su ejecución nerviosa y rítmica, definió para siempre su inconfundible estilo. Durante los casi tres años que estuvo con D'Arienzo, consagró una manera de tocar que luego seguirían Juan Polito y Fulvio Salamanca, los pianistas que le sucedieron.
La orquesta de D'Arienzo se presentaba en el cabaret "Chantecler", en LR1 radio El Mundo, en bailes de clubes, en exitosas giras y actuó en la película "Melodías Porteñas" de Enrique Santos Discépolo. Su actuación con la orquesta dejó 71 registros discográficos.
En 1938, Biagi se separa de D'Arienzo para formar su propia agrupación, debutando el 16 de septiembre de 1938 en el cabaret "Marabú".
Tanto la orquesta de Biagi como la de D'Arienzo consolidaron las posiciones interpretativas tradicionales del tango, centralizando el interés del público adicto al baile, con repertorios especialmente basados en la exhumación de antiguas obras adaptadas a sus modos de expresión musical.
Su actuación en Radio Belgrano le valió su apodo de "Manos Brujas", que era un foxtrot de José María Aguilar que ejecutaba al comienzo de cada presentación de su orquesta
Su primer cantor fue Teófilo Ibáñez, exitoso intérprete de los tangos "Gólgota", "La Novena" y la milonga "Campo afuera". Luego lo sucedió Andrés Falgás que se consagró con "Queja indiana", "Griseta", "La chacarera" y "Cicatrices".
Luego vino tal vez el cantor de mayor éxito en la orquesta; Jorge Ortiz, que luego se fue con Miguel Caló, pero al poco tiempo volvió con Biagi, con quien se sentía mas identificado. Sus grandes impactos fueron "Yuyo verde", "Indiferencia", "Pájaro ciego", "Misa de once" y "Soledad la de Barracas".
También pasaron por su orquesta: Alberto Lago, Alberto Amor y Carlos Acuña. Este último se lució con los tangos "A la luz del candil", "Lonjazos" y con una de las mejores interpretaciones del tango "Uno".
En el año 1942, actuó en Chile con un éxito sin precedentes.
En su orquesta también cantaron Carlos Saavedra, Carlos Heredia, Carlos Almagro y Hugo Duval, quien permaneció en su orquesta hasta su disolución y, junto Jorge Ortiz, fue una de las dos voces emblemáticas de Biagi. Como curiosidad se destaca el hecho de que en su orquesta nunca actuó una mujer.
Al comienzo de la década del cincuenta fue la primera en presentarse por la flamante televisión argentina. Por la misma época fue figura central del famoso programa "Glostora Tango Club" de radio El Mundo.
Durante su trayectoria, Biagi tuvo la colaboración de destacados músicos. Entre los bandoneonistas figuraron: Alfredo Attadía, Miguel Bonano y Ricardo Pedevilla. Como violinistas estuvieron Marcos Larrosa, Claudio González y Oscar de la Fuente, quien además fue su arreglador.
A pesar de ser pianista, también contó con un ejecutante de ese instrumento. Fue Juan Carlos Giampé, quien los domingos lo reemplazaba en la radio para poder asistir al hipódromo.
Durante 17 años grabó para el sello Odeon, luego pasó a Columbia y finalmente a Music Hall.
Su obra como compositor, sin ser extensa, fue muy popular. Compuso el tango instrumental "Cruz diablo"; con letra de Carlos Bahr: los valses "Amor y vals", "Como en un cuento" y el tango "Humillación"; con Francisco Gorrindo los tangos "Gólgota", "Magdala" y "Por tener un corazón"; junto a Homero Manzi las milongas "Campo afuera" y "Por la güella"; en colaboración con Rodolfo Sciammarella el tango "Dejá el mundo como está"; con Carlos Marín "Oh, mama mía" (tango); junto a Juan Carlos Thorry el tango "Indiferencia".
En la televisión tuvo una gran presencia y fue estrella del programa "Casino Philips", por Canal 13.
La última vez que Biagi actuó ante su público fue el 2 de agosto de 1969, en el Hurlingham Club. Cuarenta y un días después, el 24 de septiembre, murió repentinamente a causa de una desmedida baja de presión. Recordémoslo con más "sonrisas que lágrimas", evocando su gran éxito "Lágrimas y sonrisas", hermoso vals de Pascual de Gullo.

Luis Domingo Berho
 
Nació en Lobería, cuando el siglo XX tenía 25 años. Aunque
Berho tuvo muchos nacimientos (y demasiadas muertes) en diversos lugares. Berho nació varias veces en los caminos, pues Luis Domingo se hizo linyera, o quizás, la vida y la Poesía le exigieron a Berho que asumiera tal condición, tal vez para aprender el otro color de la riqueza, para distinguir quién es el auténtico pobre y rico, del vivir. “Tanto andar por las orillas/ del camino carretero,/ sabía más que un ingeniero/ de puentes y alcantarillas./ Rejuntador de colillas,/ linye de pocas ganancias./ Hacía largas distancias/ por los llanos y los cerros,/ y peleando con los perros/ recorría chacras y estancias” De esta manera, Luis Domingo Berho nos enseña que pobre es el que no se hace dueño de la riqueza de su día: “Dueño de campos y arroyos,/ no lo paró el alambrao./ Sin rumbo pero rumbiao, / por esos caminos criollos./ En ser libres sin escollos/ con el viento competía./ Pudo arrullar su agonía/ alguna canora orquesta./ Y el eco de una protesta/ se perdió en la lejanía”
Berho nos da clases de riqueza, pobre, es el que no consigue alcanzar los tesoros simples de la arpillera: “Hoy te canto alpillera/ que serviste pa´todo uso. /¿Qué fue lo que no se puso / en una bolsa cualquiera?/ aunque viniste de ajuera/ para embolsar los cereales, tus servicios fueron tales/ que hoy decirte necesito/ que ocupás un lugarcito/ en las cosas nacionales” Luis DomingoBerho es el biógrafo de nuestras pequeñas grandes cosas (pequeñas grandes riquezas), así, con maestría, retrata, la cocina de chacra: “Cocina vieja cocina/ que jué de siete por cuatro./ lugar donde fuera el teatro/ de la reunión campesina...Aquí se afiló un cuchillo,/ por acá se pasó el amargo,/ aquí estaba el banco largo/ bien lavao con el cepillo...Aquí jué la choriciada/ y el baile con acordeón;/ aquí se colgó el jamón/ y la caña choricera,/ cerquita de la arpillera/ del cielo raso panzón...Aquí se sintió el olor/ que da la leña de vaca,/ o el del guiso que se saca/ con paciencia y con amor/ Aquí se sintió calor/ la noche más invernal”
Hay en la poesía caminante de Berho un tono elegíaco, es decir, un lamento por lo perdido. Quizás por el mundo perdido de las pequeñas cosas, así el poeta linyera nos revela el universo del viejo sulki: “Al mirarte sulki viejo/ tirao atrás de un galpón,/ cabrestiando al corazón/ con rumbo al pasao me alejo” Detengámonos en el último verso: “con rumbo al pasao me alejo” La genialidad de este verso consiste en que el sulki, que tanta huella ha desandado, y que ya inmóvil, asume el resignado camino, el de volver al pasado: “con rumbo al pasao me alejo” En el mismo tono nostálgico, Luis Domingo Berho nos retrata el molino roto: “Hace ya unos cuantos años/ que ni un chorro de agua saca,/ toda la torre se hamaca/ y chillan los travesaños./ Se le han oxidado los cañas/ y le falta la sopapa” pero son los versos siguientes donde expresa el dolor que siente el molino por dejar de haber sido: “Como nadie lo arregló,/ así jué quedando en ruina, /por eso cuando rechina/ suelta una queja estridente/ que va a clavarse doliente/ en el alma campesina” Abundan, en la obra del poeta linyera, las elegías a los objetos cercanos, por ejemplo, a la Guitarra perdida” “Con vos yo le canté a ella/ y a mi pasao errabundo/ porque vinimos al mundo/ los dos con la misma estrella;/ guitarra, en alguna huella/ despertarás de tu sueño/ y sonarás con empeño/ si te ves acompañando/ a un criollo que esté cantando/ las milongas de tu dueño” Una especie de despedida a la última gaviota del día: “Murió en la tranquera rota/ la víbora de la senda/ y volando a media rienda/ iba la última gaviota./ Salió una estrella grandota/ pa´las otras de siñuelo/ y en el campo azul del cielo/ ya iban siendo numerosas,/ las semillas luminosas/ que se habían sembrado al vuelo” Y así hallamos despedidas a los boliches de antes: “Vos fuiste un boliche de antes,/ y hoy en tus horas de calma,/ por ahí no pasa ni un alma,/ reseros y caminantes”Aunque de todas formas, la gran elegía de Luis Domingo Berho, el himno de las despedidas de su obra es “Estación de vía muerta”: “Estación vieja y deshecha/ que fuiste todo alegría,/ cuando era una romería/ el tiempo de la cosecha./ Hoy parece que te pecha/ el mancarrón del olvido./ Quien sabe pa´ande se ha ido/ bolseros y capataces;/ hombres fuertes y capaces/ que pa´siempre se han perdido”
La Poesía de Berho tiene la virtud de enseñarnos la hermosa lejanía de lo cercano, los mundos posibles, latentes en lo cotidiano, en su obra, las cosas se parecen a la gente, las cosas forman parte del alma del paisanaje, es el caso del alambre: “el alambre es un invento /al que no se da importancia/ y al que le debe la estancia/ utilidades sin cuento. Fue el alambre el elemento/ para lotear la pastura,/ protegió la agricultura/ y al resguarda tanto monte, / modificó el horizonte/ de nuestra inmensa llanura” El talento del poeta nacido una vez en Lobería y muchas tantas otras en los caminos, es el de reconocer en los objetos que lo rodean, un mundo donde la ternura es posible, él nos enseña a comprender con la lucidez de lo sencillo, la utilidad del alambre: “Cuando al hombre de trabajo/ la ropa se le rompía,/ con alambre la cosía/ por grande que fuera el rajo...cuando una tormenta viene/ o si el tanque ya está lleno, /un alambre tira el freno/ y el molino se detiene...cuando la leña era escasa/ y había que juntar cardo,/ con un alambre de fardo/ se traía pa´la casa...a una guitarra viejona,/ con mucha milonga encima,/ de alambre le vi la prima/ pa´envidia de la bordona.”
Luis Domingo Berho, el poeta linyera, traza un auténtico mapa cultural del hombre de campo, no hay manuales, ni reseñas históricas que pinten tan fielmente al pueblero, por ejemplo, al alambrador: “Temprano en la vagoneta/ salió pa´alambrar el cuadro./ alzó tenazas, taladro,/ pala de punta y barreta...y antes de que el sol saliera/ ya pa´l potrero ha rumbiao,/ pa´tirar un alambrao/ derechito a la bandera” Este poeta errante, también retrata al esquilador, pero no como un personaje pintoresco, sino que plasma su drama: “Abrojo que pincha feo./ Agarrador que se afana./ Playero juntando lana,/ a quien llaman benteveo./ El balido, el forcejeo,/ Puño que al final se apura/ pelando la última pata./ Y cambia por unas latas/ el dolor de la cintura” Lo mismo hace con el sacador de papa, con sus versos, don Berho, nos permite recuperar este oficio: “Sacador del campamento/ que sobre el suelo tendés,/ y en la rodilla ponés/ el plato de tu sustento./ Rival del sol y del viento,/ que ante el surco no se arrolla.../ Pa´vos mi décima criolla.../ y esa papa que sacás,/ que no te falte jamás/ cuando hay que echarle a la olla”
La Poesía de Luis Domingo Berho no sólo nos permite recuperar un antiguo paisaje espiritual del campo, y el retrato fiel de sus hombres, sino que la genialidad de su obra consiste en la mirada filosófica con que consigue pintar el mundo familiar. Donde decenas de gaucho sólo veían una mera tranquera, don Berho contemplaba la gran metáfora del transcurrir la vida: “Por vos los enamoraos/ con esperanza pasaron./ Por vos en el sulki entraron/ los novios recién casaos./ A mercachifles cargaos/ les diste entrada y salida/ y en la última partida/ con un perro de cortejo/ por vos salió el vasco viejo/ cuando se jué de la vida”

lunes, 23 de septiembre de 2013

FRANCISCO FIORENTINO

Cantor y bandoneonista.
(23 de setiembre de 1905 – 11 de setiembre de 1955) 


Francisco Fiorentino fue sin duda el arquetipo del "cantor de la orquesta", concepto que describe sintéticamente la principal característica del tango de los años cuarenta, donde el cantor era un integrante de la formación al igual que los músicos.
Fiorentino y Troilo conformaron un afiatado engranaje, un acople perfecto donde la orquesta se lucía en una larga introducción para luego generar el marco adecuado y necesario para que el cantor se destacara.
No fue un virtuoso, su voz era pequeña y su dicción confusa, pero estas características técnicas no impidieron su impresionante éxito. En mi concepto, resultan antológicas sus interpretaciones de los tangos, "Gricel", "Garúa" y "De barro", del vals "Tu diagnóstico" y de la milonga "Mano Brava".
Su personalidad, su buen gusto y la dirección permanente de "Pichuco" dieron como resultado un cantor intimista, de gran calidez interpretativa que supo conmover a su público, convirtiéndose en un hito en la historia de los vocalistas de tango.
Su vida artística junto a Troilo duró seis años, debutó el primero de julio de 1937, en el cabaret Marabú y se desvinculó en marzo de 1944.
Pese a su corta vida, su trayectoria en la música fue extensa y cambiante. Comenzó tocando el bandoneón, recibió el instrumento como regalo de su hermano Vicente y comenzó a estudiar en el Conservatorio de Minotto Di Cicco, destacado ejecutante uruguayo que fue durante años primer bandoneón en la orquesta de Francisco Canaro.
Sus primeras presentaciones las hizo en conjuntos que integraba junto a su hermano Vicente, que era violinista, actuando en cines y cafés de todo el país, al mismo tiempo comienza a cantar como solista en algunas emisoras de radio y en otros escenarios porteños.
En 1928 se le da una gran oportunidad al ingresar como bandoneonista en la orquesta de Francisco Canaro, quien se da cuenta de las cualidades de Fiorentino dejándolo actuar en algunas ocasiones como estribillista.
A partir de entonces continúa en esa doble función de bandoneonista y estribillista integrando numerosas orquestas -Juan Carlos Cobián, Roberto Firpo, Pedro Maffia, Juan D'Arienzo, Roberto Zerrillo, Minotto Di Cicco- y colaborando en grabaciones y actuaciones radiales.
En 1934, siendo estribillista de la orquesta de Roberto Zerrillo, produce el singular hecho de cantar un tango con la letra completa en la grabación del tema "Serenata de amor" del propio Zerrillo y Oreste Cúfaro. Se vislumbra el fin de la "era de los estribillistas" para dar paso a la nueva etapa de "los cantores de orquesta".
Luego de su etapa con Troilo, punto culminante de su carrera, Fiorentino formó su propia orquesta, que fue dirigida y arreglada por Astor Piazzolla, con la cual, pese a grabar 22 temas, no obtuvo los resultados esperados. Ismael Spitalnik, notable bandoneonista y arreglador, reemplaza a Piazzolla en la dirección de su orquesta y graban dos temas más.
No siempre el éxito con el público es el factor determinante para establecer el nivel de calidad del producto artístico.
El dúo Fiorentino-Piazzolla fue vanguardía para su época, y en esta primera experiencia en la dirección orquestal, Astor ya está preanunciando su propuesta renovadora junto a un "Fiore" maduro y entero.
La declinación fue lenta pero inevitable, pasaron más de diez años de su debut con Troilo y el fin de los años cuarenta lo encuentran deambulando en muchas orquestas importantes, como las de José Basso y Alberto Mancione entre otras, pero ya sin la resonancia de antaño y dejando en el disco algunos registros.
Finalmente viaja al Uruguay en 1951 para incorporarse al conjunto del pianista José Adolfo Puglia y el bandoneonista Edgardo Pedroza, con esta orquesta registró sus tres últimas grabaciones en noviembre de 1951.
Muere el 11 de septiembre de 1955 a raíz de un accidente en la provincia de Mendoza, que está situada a mil kilómetros de la ciudad de Buenos Aires.
HOMERO EXPOSITO:

Poeta y letrista
(5 de noviembre de 1918 - 23 de septiembre de 1987)
Apodo: Mimo 


La poesía del tango, que es probablemente la única
manifestación musical popular de nuestro tiempo con letra formalmente argumentada, tiene sus precisas e ineludibles reglas de juego, de las que no es posible apartarse sin riesgo de incurrir en inautenticidad o desvirtuación de su definido e inconfundible carácter. Tales reglas de juego conforman una temática y una sensibilidad temperamental, inalienablemente propias del tango rioplatense.

No se trata, claro está, de estrictos cánones convencionalmente establecidos, los que habrán de conferirle fisonomía característica a la creación poética del tango. Las letras encierran breves relatos versificados, preferentemente sentimentales, nostálgicos o evocativos, dentro de un marco ambiental costumbrista. E incluso a veces, picaresco o risueñamente humorístico.

Pero estructurados originariamente para ser acoplados a la música del tango. Y para ningún otro género musical popular que no sea el tango. Porque inversamente, cuando a la música del tango se le pretende adaptar una composición poética standard, de esas que encajan indistintamente en cualquier género musical popular sin identificar a ninguno, nos encontramos lisa y llanamente, con que el pretendido tango deja de serlo. Y de ahí, pues, que siguen predominando con vigencia inalterable los clásicos repertorios poéticos del tango canción, que alcanzaron encumbrada celebridad entre los años veinte y los años cuarenta.

Ante tan peculiar y rigurosa preceptiva poética como la enunciada, nada mejor que aceptar que son muy pocos los auténticos creadores dentro de la composición literaria del tango. Desde luego, muchísimos menos son los nombres fundamentales de la poesía, que los de la música.

Observemos que esa ortodoxia formal que parecieran imponer las reglas de juego antes referidas, admite la natural renovación de formas de expresión y de enfoques conceptuales con proyecciones de incuestionable jerarquía literaria. Es decir que el tratamiento de una temática permanente e inamovible -la nostalgia en primer término la reflexión resignada frente al fracaso o al desencanto, la actitud desgarradora teñida de sereno escepticismo -que es premisa sustancial, abre definidas perspectivas estéticas en la dimensión poética de la letra del tango. Y por esa búsqueda de una versificación más literariamente depurada, transitaron consagratoriamente José González Castillo, Enrique Cadícamo, Francisco García Jiménez, Héctor Pedro Bloomberg, Cátulo Castillo, Homero Manzi y José María Contursi. Y ese proceso de superación poética del tango, a nuestro juicio culmina con Homero Expósito. El más original, el más. importante y el más representativo de los poetas del tango, a partir de la brillante generación del cuarenta. Y para siempre.

Orientó Homero Expósito su inventiva literaria consagrada a la canción popular, en la confluencia de dos actitudes poéticas temperamentalmente opuestas, pero igualmente admirables: el romanticismo nostálgico y evocativo de Homero Manzi, y el grotesco dramatismo sarcástico de Enrique Santos Discépolo. De tan sutil combinación estilística y temática sin proponérselo, logró Expósito definir una novedosa y originalísima modalidad de interpretación para la letra del tango.

Siempre en la búsqueda de una mayor dimensión poética, impuso una novedosa renovación formal de expresión, utilizando con singular destreza la técnica del verso libre. Y logrando además enfoques conceptuales de marcado vuelo literario. Pero, invariablemente se ha dicho, sobre la temática permanente, inalterable e inamovible -insistimos- que hace a la esencia propia del tango.

Las letras de Homero Expósito aparecen fuertemente atraídas por la versificación idiomática refinada.... Y corrobora esta observación, aquel distingo que hemos formulado reiteradamente entre el simple versificador o letrista que escribe exclusivamente para el acople de la música, y el poeta, cabalmente poeta, que escribe bellos poemas para ser leídos y también para ser cantados. Es esta la exacta ubicación de la labor literaria de Homero Expósito en el tango.

Convengamos, desde ya, que la letra del tango es esencialmente elegíaca, es decir la composición poética de género lírico y asunto decididamente triste.

Es el canto al bien perdido. Por eso con tanto acierto observa José Gobello que «el tango no se ha hecho para cantar lo que se tiene, sino lo que se ha perdido». Y por eso además, es sentimental y nostálgico. Que son las dos notas configurativas de su argumentación permanente. Si inversamente, por mero espíritu de renovación fuera alterado ese inamovible presupuesto temperamental del tango se caería inevitablemente en la desvirtuación del mismo. De ahí la elogiable autenticidad de la poesía argumental de Homero Expósito, definitivamente elegíaca.

Con su inagotable inspiración poética, ha logrado Expósito el encanto de revertir con evolucionado y original sentido literario algunos de los personajes, de las situaciones, de las circunstancias, de las leyendas, que hacen a la temática del tango. Es indudable que las expresiones artísticas son bellamente valiosas por su intrínseco contenido estético, pero con prescindencia absoluta del transcurso inexorable del calendario, que de ninguna manera puede ser la medida para la vigencia o la caducidad de determinadas manifestaciones de la inspiración creadora.

Consecuente con lo expresado en cuanto al carácter del contenido de la letra del tango, Homero Expósito incursionó en los temas arraigadamente consagrados, que le confirieron personalidad inconfundible a nuestra canción ciudadana. Así, por ejemplo, el drama aquel de la humilde muchacha de barrio que dio el mal paso, y que Samuel Linnig inmortalizó en los sentidos versos de "Milonguita" y "Melenita de oro", erigiéndola en heroína del tango, es recreado veinte años después por Expósito en "Percal". Tal vez con otros nombres y otras influencias sociales, impecablemente revestida de renovada elegancia literaria.

Otro de los aspectos fundamentales que la obra de Homero Expósito aporta a la literatura de nuestra música popular, es su contundente aptitud de síntesis. Admirable aptitud de síntesis como sería exacto calificar. Esa aptitud de síntesis que tanto admiraba Enrique Discépolo, y no se cansaba de ponderar el acierto impecable aquel del tango "Percal", en que todo lo expresan aquellos dos apretados versos que dicen: "te fuiste de tu casa / tal vez nos enteramos mal...". O cuando resume con natural simplicidad aquello de "Pobre piba, por tu error / ya hay muchos tangos". "Cómo me gustarían esas admirables observaciones de Expósito, para alguna de mis letras", expresaba Discépolo con emotiva sinceridad.

También algo revolucionariamente innovador en Homero Expósito, lo constituye el manejo de la metáfora. Entendiendo por metáfora la figura retórica por la cual se traslada o transporta el sentido de una palabra o de una frase a otra imagen mediante una elaborada comparación imaginativa. En la metáfora de vanguardia habría una inocultable raigambre lorquiana, tan frecuente en Homero Expósito. Acierto incuestionable en la tanguística de nuestro poeta, imágenes tan felices como "malevo que olvidaste en los boliches / los anhelos de tu vieja".

El 5 de noviembre de 1918 nació Homero Aldo Expósito en Campana, provincia de Buenos Aires. Hijo de Don Manuel Expósito. Un respetado y prestigioso comerciante de Zárate (ciudad cercana Campana y a la ciudad de Buenos Aires) que jamás ocultó, con su proverbial dignidad, que había nacido anónimamente en la "Casa de Niños Expósitos" de la calle Montes de Oca en la ciudad de Buenos Aires. Allí comienza recién el árbol genealógico de los Expósito y el origen de su apellido.

Homero nació en Campana, en la casa de su abuela materna. Pero ya los Expósito estaban estrechamente arraigados al terruño. Tan es así que Homero siempre decía «soy un zarateño nacido en Campana».

Vivió la infancia en Zárate, donde cursó íntegramente la escuela primaria. A los seis años de Homero nació un hermanito, que se llamó Virgilio Hugo. Siempre juntos los dos hermanos en la historia del tango y de la vida. Juntos siempre anduvieron entre yuyos, cielo y verano. De esa unión fraternal provienen las inspiradas metáforas de "Naranjo en flor", de "Farol", de "Oro falso", "Pobre piba".- Después nació otro Expósito. El tercero y último, que se llamó Luis María. Sin vocación literaria ni musical. Otra destino.

Entre rebeldías, rabonas, indisciplina escolar terminó Homero la primaria. Traía tal vez en la sangre su irrefrenable vocación cultural. Decía ya en plena celebridad autoral que «nadie puede escribir un tango si no sabe escribir un soneto».

Don Manuel Expósito humilde y honrado padecía el orgullo de la cultura, del conocimiento literario, del conocimiento histórico. Además de su próspero negocio de repostería y confitería, sabía el idioma inglés, taquigrafía, dactilografía y lecturas filosóficas densamente asimiladas. Dejando a un lado su declarada vocación anticlerical, decidió que Homero ingresara al prestigioso Colegio San José de Buenos Aires. Pupilo ejemplar durante los cinco años de su bachillerato, ordenó totalmente su conducta intelectual. Fue luego cadete del liceo militar. Y su ingreso a la Facultad de Filosofía y Letras, su gran vocación, cuya graduación interrumpió y reanudó muchas veces, abocado siempre a la impostergable necesidad de subsistir.

Las disciplinas culturales de su preferencia encontraron en Homero Expósito al estudioso despreocupado de toda consagración doctoral.

Cursó los ciclos universitarios a través de sucesivos abandonos y reanudaciones de los estudios superiores, hasta su muy próxima graduación. Logró una sólida cultura filosófica y literaria que siguió acrecentando permanentemente en su afán insobornable por las lecturas bien escogidas. Crítico erudito y ponderado, compartieron sus preferencias con equilibrado eclecticismo, los clásicos griegos y latinos, con las modernas corrientes literarias. Además el buen teatro fue inquietud apasionante desde su primera infancia. Fue organizador, director y actor de numerosas iniciativas de valor artístico en difundidos cuadros de teatro vocacional.

Llegó al tango con una sólida preparación literaria, que le permitió el tratamiento descriptivo de sus sólidos argumentos con admirable claridad anecdótica. Confesaba que le preocupó siempre el cuidado del lenguaje, logrando libertad absoluta en el empleo de las licencias idiomáticas del léxico corriente necesario. Decía que el impresionismo había invadido todas las formas de expresión, y no había motivo para que la letra del tango fuese una excepción.

Todo está comprendido en el padrón autoral de Homero Expósito. Todo. Desde la descripción del compadrón de "Te llaman malevo", o la exquisitez poética de "Margo" y "Flor de lino". Y desde la imagen temperamental de la gran ciudad enfocada desde la descripción estupenda de "Tristezas de la calle Corrientes".

Viajando una vez en tren desde Zárate a Buenos Aires, "Chupita" Stamponi le propuso vincularlo al núcleo de jóvenes músicos ya consagrados en la orquesta de Miguel Caló. Así fue que con Enrique Mario Francini, Armando Pontier, Domingo Federico, Osmar Maderna, Héctor Stamponi, su introductor, y su inseparable hermano espiritual Virgilio Hugo, alcanzó Homero una gran coincidencia creativa a través de formas concionísticas novedosas, y de incuestionable concepción renovadora del tango. Bien entendido, dentro de la temática y del temperamento invariablemente propios de nuestro tango, que caracteriza la fecunda obra de realización de la brillante promoción generacional del cuarenta.

Se inició Homero Expósito en la creación autoral hacia 1938. Su primer tango compuesto en colaboración musical con su hermano Virgilio Hugo Expósito, titulado "Rodando", fue estrenado, sin ninguna trascendencia, por Libertad Lamarque en Radio Belgrano, acompañada por la orquesta de Mario Maurano.

La coincidencia creativa entre Homero y Virgilio Expósito, alcanza a todo un repertorio, originariamente compartido, y de vigencia permanente entre los más selectos del tango canción. Luego de aquel intrascendente "Rodando" del debut autoral, surge "Farol". Y sucesivamente títulos que alcanzaron desde su presentación un lugar prominente en el género.

Virgilio Hugo Expósito es un brillante músico integral del tango. Pianista, inspirado compositor, director de orquesta, orquestador instrumental de brillante trayectoria. Debe reconocerse que a la labor de los hermanos Expósito debe la historia del tango uno de sus capítulos más interesantes y de permanente actualidad.

Algunos títulos fundamentales son "Naranjo en flor", "Absurdo", "Maquillaje", "Chau, no va más", lo último que escribieron juntos. "Percal", "Yuyo verde", "Tristezas de la calle Corrientes", "Al compás del corazón" (con música del bandoneonista Domingo Federico); con Armando Pontier "Trenzas"; con Héctor Stamponi "Flor de lino" (vals), "Qué me van a hablar de amor". Con Enrique Mario Francini "Ese muchacho Troilo". Con Aníbal Troilo "Te llaman malevo". Con Argentino Galván "Cafetín", "Esta noche estoy de tangos". Con Atilio Stampone "Afiches" y con Osmar Maderna "Pequeña" (vals).

Una de las más notorias excentricidades juveniles de Homero, siguiendo posiblemente la trayectoria comercial de su padre, fue hacerse bolichero. Instaló en el centro de Zárate un pequeño restaurante de menús selectos y legítimos vinos importados. "Lo de Homero" se denominó. Rotundo fracaso financiero a corto plazo. Concurrían los numerosos amigos a comer y a beber generosamente gratis, como en su casa, sin la menor intención de pagar. Y también los amigos de los amigos, provistos de igual caradurismo. Pensó Homero que la señalada falla comercial, se debía a la proximidad de sus amistades justamente en Zárate. Decidió cambiar de territorio. Se instaló en Mar del Plata (ciudad balnearia a 400 km de Buenos Aires). Exactamente en Punta Mogotes, en la esquina de las calles Falucho y Jujuy. "El Sibarita" se llamaba ahora, con una denominación más ambiciosa. Y una mayor catástrofe económica que la de Zárate. Siempre la legión de amigos gratis. No podía seguir. Se fundió. Perdió todo lo que tenía. Y quedó endeudado. Resolvió entonces poner fin a su descabellada aventura gastronómica. ¡Nunca más comerciante!

Liberado totalmente de su desafortunada aventura gastronómica, decidió Homero dedicarse a la atención de su repertorio autoral, que requiere una permanente vigilancia, más aún en pleno apogeo, en el momento más intenso de difusión en los años cuarenta. Ello implicaba viajar permanentemente de día y de noche, de Zárate a Buenos Aires, y de Buenos Aires a Zárate. Ya sea en tren, o en un antiquísimo automóvil en estado lamentable, sin capota, que cuando llovía manejaba Homero con una sola mano, sosteniendo con la otra un desteñido paraguas abierto para no mojarse. Todo esto con increíble naturalidad. Una tarde lo encontré muy fastidiado con Paco García Jiménez -siempre tan solemne- porque no le había aceptado a Homero subir al carruaje...

Cuando D. Manuel Expósito decide en 1945 vender su acreditada confitería de Zárate, Homero cada vez más saturado del trajín de los viajes, se radica definitivamente en Buenos Aires. Ahora consagrado a lo suyo, a la difusión de su exitoso repertorio. E ingresa en los círculos directivos de SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores). Se incorpora a los grupos juveniles de autores liderados por el vigoroso talento de Homero Manzi, para remover y modernizar la vetusta estructura de la vieja sociedad. Diría entonces Expósito «zarateño nacido en Campana y definitivamente aquerenciado en Buenos Aires para la actividad autoral». Se trata de desplazar a los jerarcas de la hasta entonces administración canarista, aparentemente imposible de ser eliminada. Dura lucha que propicia lisa y llanamente la eliminación de Francisco Canaro para acceder a una nueva presidencia de SADAIC. Inmensa tarea, pero gran unidad entre las generaciones juveniles de autores y compositores. Y llega el momento de asumir la conducción autoral con definitivos criterios de una total renovación.

Integra Homero Expósito como tesorero, prestigiosos directorios en los años cincuenta. Como aquel presidido por Cátulo Castillo, con Julio De Caro, José Maria Contursi, Juan José Guichandut, Pepe Razzano, Manolo Parada, Ciriaco Ortiz, Vicente Demarco, Aníbal Troilo, Homero Expósito, Virgilio San Clemente y Armando 8aliotti.

Transcurren años de intensa labor organizativa en SADAIC. Pero por diferencias tan frecuentes en el mundillo interno de los autores musicales, renuncia Expósito a la tesorería del directorio de SADAIC.

Y emprende de inmediato un postergado viaje a Europa. Anda, recorre, conoce, aprende, acrecienta su gran ilustración cultural. Europa. España, Francia. Nos encontramos en París. Compartimos días y noches interminables e inolvidables, guiados por el refinado conocimiento parisiense de Panchito Cao y Héctor Grané.

Definitivamente alejado de la actividad autoral, y del permanente patrocinio de su repertorio en presencia de los intérpretes creadores que elaboraran la celebridad de cuanto compuso talentosamente Homero Expósito, no se apartaba ya virtualmente de las inmediaciones de su amable departamento céntrico de la calle Lavalle, a una cuadra de SADAIC. Eludía encuentros callejeros, y motivos de evocación de toda una vida brillantemente consagrada a la música popular de la ciudad. Se fue apagando tenuemente la silueta vigorosa y comunicativa del poeta siempre querido y admirado.

Convengamos en admitir que la producción autoral de Homero Expósito conforma todo un ciclo de brillante e inspirada creatividad en la poesía del tango. Su forma de composición no tuvo continuadores. Contraste profundo acaso, con los músicos del tango, cuyas influencias estilísticas se han sucedido en todas las modalidades y en todas las épocas de su evolución. La inimitable originalidad de Homero Expósito constituye así un curioso fenómeno que contribuye a resaltar con más nítidos perfiles la sobresaliente personalidad creadora de este excepcional poeta popular de la ciudad, a quien nos atrevemos a considerar el gran poeta del tango.

Un día cualquiera, el 23 de septiembre de 1987, se nos fue "Mimo" Expósito, como cariñosamente le decíamos sus amigos. Mimo Expósito, el imaginativo poeta de "un arco de violín / clavado en un gorrión", se marchó en silencio. Lo mismo que Margo, la sufrida heroína de su bello poema, "sin canción y sin fe".
Originalmente publicado en la revista "Tango y Lunfardo", Nº 74, Chivilcoy 12 de mayo de 1992.

Chango Spasiuk

Horacio "Chango" Spasiuk (23 de septiembre de 1968,
Apóstoles, Misiones) es un compositor y acordeonista argentino de chamamé.
Nieto de inmigrantes ucranianos, el Chango tuvo una fuerte influencia de la música polka en sus primeros años. La influencia de la música de Europa del Este está presente al día de hoy en el chamamé de la región. Tuvo su primer acordeón a los 12 años, con el que tocaba en fiestas, casamientos y otros eventos junto a su padre y un tío.
Su primera gran aparición la realizó en Expresión Regional Chamamecera, un programa de televisión popular que enviaba móviles al interior del país para difundir a músicos locales.
Después de eso, participó en diferentes fiestas provinciales, como el Festival del Docente en Campo Grande, el Festival del Tarefero en Concepción de la Sierra, el Festival del Durazno en Cerro Azul y el Festival de la Madera en San Vicente.
Cuando terminó la escuela secundaria, se mudó a la ciudad de Posadas, capital de Misiones, para estudiar antropología, carrera que abandonó al poco tiempo. Sin embargo, se expuso a otros géneros musicales y conoció al pianista Norberto Ramos, quién lo convenció para irse con el a estudiar a Buenos Aires.
Spasiuk tocaba en pequeños lugares de la capital argentina y en festivales a lo largo del país, hasta que recibió la invitación de la embajada de los Países Bajos para participar en ese país del festival de Eurolatina.
El 27 de enero de 1989 hizo su debut en la plaza Próspero Molina en el Festival de Cosquín en la provincia de Córdoba.
En 1992, es invitado por la banda de rock Divididos para presentarse como músico invitado junto a ellos en el estadio de Obras Sanitarias.
En 1997 participa en el Festival Internacional de Jazz de Montreal en Canadá, donde compartió escenario junto a músicos como Pat Metheny o John McLaughlin.
El 6 de marzo de 1998, cuando regresaba de un concierto en la localidad bonaerense de Ayacucho, el vehículo donde se trasladaba se estrelló de frente contra un camión, perdiendo la vida en el accidente el guitarrista Gabriel Villalba y uno de sus asistentes.
En el 2000, su disco Polcas de mi tierra es galardonado con el Premio Carlos Gardel de ese año.
En 2007, participa en la grabación del programa Pequeños Universos del canal por cable Encuentro, del Ministerio de Educación argentino. El programa se centra en la búsqueda, comprensión y difusión de la música de los distintos rincones de la Argentina.
Sobre su música, Spasiuk ha dicho que es "tratar de ir a traves de la forma en busca de algo que no la tiene".

ROBERTO GALARZA 

Cantor, guitarrista, contrabajista, autor y compositor, Eleuterio Galarza artísticamente “Roberto
Galarza” nació el 18 de abril de 1932 en el Distrito  Alto Verde, Provincia de Santa Fe.
Se inició en la ejecucion de la guitarra y el canto en forma intuitiva a muy temprana edad, cantando a dúo con su  hermano Rogelio.
En el año 1950 integró el Grupo “Los hijos del Chamamé”, de Gregorio Martínez. Posteriormente integra el “Trío santa Anita” que dirige el goyano Julio Montes.
En esta etapa es convocado por el bandoneonista rosarino Damasio Esquivel con quien actuó por importantes escenarios y con quien realizó sus primeras grabaciones.
Pero indudablemente su consagración definitiva le llega con su ingreso al  “Cuarteto Santa Ana” dirigido por Ernesto Montiel,  cuando al “cuarteto” lo conformaban además artistas de la talla  de Apolinario Godoy  y Alfredo Alonso. En “Santa Ana” dejó inolvidables registros como “Colonia Yaguareté”, “La guampada” y “Mi tobiano patas blancas”, conformando además una celebrada dupla autoral con Montiel, que dió vida a obras como “Mi ponchillo y mi facón” y “Distrito Alto Verde”, dedicado a su pago natal.
Desvinculado del “Cuarteto Santa Ana” integró distintas agrupaciones de nuestro género como el conjunto de Miguel Repiso y el “Conjunto Regional de Polito Castillo“, donde grabó en dúo y trío de voces con Juancito el Peregrino y Gregorio Molina como las inolvidables versiones de “Mi glorioso general” y “La canoita”.
En la década del 60 comienza a registrar sus primeras grabaciones como solista  para importantes sellos como “Music Hall” y “Microfón” , acompañado de bandoneonistas como Isaco Abitbol, Julio Lorman, Raúl Reyes y Tilo Trevisan.
A finales de la década del 60 forma junto a Isaco Abitbol y Julio Lorman el “Trío de Oro”.  Con esta formación registran 3 discos para el sello “Music Hall”. Posteriormente forma “Los 3 del Litoral” junto a Lorman y el cantante chaqueño Atilio Puchot, conjunto que no dejó grabaciones. 
Paralelamente a su participación en estos conjuntos, ha grabado placas dirigiendo su propio conjunto, en donde se destacaron otros artistas como  como Salvador Sena, Marianito Miño, Emilio Rubén Amarilla,  Esteban Rivero, Juan Saccú, Alfredo Alonso, Ramón Chávez, Bruno Mendoza, Juan Benitez, Juan Manuel Silveyra y su hijo Roberto Matías Galarza, entre otros.
En el año 1971 volvió a realizar grabaciones junto al “Cuarteto Santa Ana” de Ernesto Montiel, participando del disco “De Serenata” editado por el sello “Polydor” en el año 1971.
Prolífico e inspirado compositor Roberto Galarza es autor de más de  200 obras registradas, entre las que podemos citar  “Viento norte”, “Un amor de verdad”, “Recuerdo de provincia”,  “Arroyito del Recuerdo”, “Alto Verde de ausencia”, “Paisano Campero”  y un verdadero himno de nuestra música, “Volver en guitarra”.
Roberto Galarza falleció en la ciudad de Corrientes el 23 de septiembre del 2008.